Abstract
Los grandes muscos mexicanos de arqueología están indiscutiblemente entre los más hermosos del mundo. Sus colecciones, de una riqueza extraordinaria, sólo pueden ser comparadas con las del Cairo, Atenas, París o Nueva York. Sobre todo, en esos museos mexicanos hay algo que falta muy a menudo en los demás: un genio museográfico original y eficaz, fundado en las innovaciones contemporáneas de la arquitectura, la pintura y la antropología nacional.
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